Juan Díaz del Moral

Juan Díaz del Moral

  • Juan Díaz del Moral

El 24 de enero nació en Bujalance una de las grandes personalidades de la cultura cordobesa contemporánea. Realizó sus estudios de bachiller en el colegio de la Asunción de Córdoba obteniendo premios en disciplinas como Retórica y Poética, Historia Universal, Aritmética y Álgebra y Geometría y Trigonometría.

Continuo su formación profesional en la Universidad de Sevilla, donde se licenció y doctoró en Filosofía y Letras y en Derecho. En dicha Universidad ejerció la docencia como profesor en Metafísica lo que le permitió entrar en contacto con Federico de Castro y posteriormente en Madrid, con Francisco Giner de los Rios. De esta forma pudo conocer los planteamientos reformistas de la Institución Libre de Enseñanza, lo cual influiría en algunas de sus actividades años después. Pero la necesidad económica le hace abandonar la Universidad y desde 1.898 se hace cargo de la notaría de su pueblo natal, que ocupó hasta 1935 en que se trasladó a Madrid. Tras la Guerra Civil, sometido a depuración política, fue trasladado a Caravaca (Murcia) donde se jubiló en 1945. Murió en Madrid, el 7 de noviembre de 1948. Durante su larga vida desarrolló una fructífera actividad intelectual y también política, esta última durante la segunda república. Dentro de la primera hay que resaltar su participación en un proyecto de extensión educativa que se llevó a cabo en el Centro de Sociedades Obreras de Córdoba con la colaboración del Instituto General y Técnico, por iniciativa del secretario y catedrático del mismo Eduardo Hernández Pacheco. Allí dictó conferencias como Historia del movimiento obrero (1905) y Economía Social (1910). En esta colaboración es donde podemos ver la influencia institucionista antes citada, puesto que la experiencia, vigente hasta el curso 1910-1911, se planteó a semejanza de la extensión universitaria de la Universidad de Oviedo.

Pero su relevancia entre la comunidad científica la ha obtenido por su libro Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, editado por primera vez en 1929 y calificado por Tuñón de Lara como “modelo de historia social de nuestra patria”. Hoy en día es una referencia indispensable en cualquier trabajo sobre historia social de Andalucía, aporta datos sobre organizaciones obreras y patronales de la provincia de Córdoba y un estudio de la conflictividad a partir de un esquema metodológico en el que analiza la propaganda, la organización, la lucha y sus resultados, centrándose sobre todo en el periodo 1918-1920, que denominó trienio bolchevista. La obra también ha sido objeto de crítica por las interpretaciones de carácter psicologista que a veces utiliza, aunque aún está por hacer un estudio riguroso de la misma.

Entre su actividad intelectual también hay que citar sus colaboraciones en la prensa cordobesa, así como en la revista España, fundada por Ortega y Gasset. Esta obra importante, aunque poco conocida, fue Las reformas agrarias en Europa, publicada después de su muerte.

En cuanto a su actividad política, se inicia plenamente cuando fue elegido diputado por la provincia de Córdoba en las elecciones de junio de 1931, siendo el candidato más votado en la provincia. Acudió a los comicios como miembro de la agrupación al Servicio de la República, formada fundamentalmente por intelectuales y que tenía como mentor a Ortega y Gasset. Su participación en aquellas primeras Cortes republicanas estuvo centrada en la discusión del proyecto de reforma agraria, al que presentó un voto particular. Al mismo tiempo, hay que señalar que, al menos entre 1930 y 1934, fue secretario de la Asociación Nacional de Olivareros, lo que se puede relacionar con su proyecto de formar un Bloque Agrario en los primeros años de la dictadura de Primo de Rivera.

Sin entrar en valoraciones sobre su vida y su obra, no cabe duda que actualmente, tal como él quería, no nos parece infecundo su trabajo, que expresó como el de “un hombre que ha consagrado muchas horas a recoger datos, a registrar hechos y salvar del olvido interesantes documentos, en inminente riesgo de perderse para siempre”.

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