Mario López

Mario López

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D. Mario, nuestro poeta y pintor, nació en Bujalance el día uno de agosto de 1918, en la calle Tobosos que, a partir de 1985 cambiaría su nombre por el del poeta tras su nombramiento de Hijo Predilecto de su ciudad natal. Murió el uno de abril de 2003.

Tras realizar los primeros estudios en Bujalance, marchó a Madrid, donde ingresaría en el instituto escuela de la Institución Libre de Enseñanza. En esta etapa de su vida se fundamentará su carácter personal y literario, marcado por la elegancia espiritual, la tolerancia y el buen gusto que emanan de toda su obra, como lo hicieron de su persona.

En 1942 entró en contacto con los poetas con los que más tarde fundaría la revista de poesía «Cántico», aún cuando Antonio Hernández (presidente de la asociación Andaluza de Críticos Literarios) considere que su inclusión en el grupo del mismo nombre fue producto de la amistad con el resto de los miembros [...] ya que la diferencia con respecto a los demás uniformados era tanto conceptual como expresiva. Colaboró en las más prestigiosas publicaciones literarias españolas y fue miembro de número de la Real Academia de Córdoba.

Ha recibido numerosos homenajes y premios; como muestra, el Internacional de Poesía del círculo de Escritores Iberoamericanos de Nueva York en 1963 o el de Andalucía de las Letras en su apartado de poesía, en 1997. Desde siempre apostó por la cultura, empezando en su pueblo en el que fundó y dirigió los Cuadernos de Arte, Historia y Literatura de la Biblioteca Municipal de Bujalance en 1958. Apostó después por los Juegos Florales de Primavera organizados por el entonces Instituto «Juan de Mena», que hoy lleva su nombre y dio igualmente su nombre al Premio Nacional de Poesía «Mario López», del que próximamente se celebrará al XI edición y que es conocido internacionalmente.

Ha publicado los libros «Garganta y corazón del Sur» (1951), «Universo de pueblo» (1960), «Siete canciones» (1968), Del campo y soledades (1968), «Antología poética» (1968), «Cal muerta, cielo vivo» (1969), «Universo de pueblo. Poesía 1947-1979» (1979), «Museo simbólico» (1982) y «Antología poética de Bujalance» (1985), y los cuadernos «El alarife» (1981), «Memoria de Málaga» (1992) y «Versos a María delValle» (1992). Es autor también de las antologías «Córdoba en la poesía» (1979) y «Fuentes de Córdoba» (1987).

En el homenaje que los críticos literarios andaluces rindieron a nuestro poeta, Antonio Rodríguez Jiménez aseguraba que «su poesía sorprende por la rara fidelidad a las raíces terrenales y no industriales y urbanas, Hay en ella autenticidad y transparente sencillez, elegancia serena y natural aprendida en la tierra, en la Naturaleza, Su obra mana armoniosa, sin prisas, y el poeta contempla, con la herencia en sus ojos de tantas miradas anteriores, cada amanecer, cada otoño, cada primavera».

Un año después, en el reportaje del mismo autor, publicado por el diario «Córdoba» el día siguiente a la muerte del poeta, este aseguraría: «El poeta [...] no ha muerto porque sus versos lo harán eterno». Nosotros queremos hacer nuestra esta idea, y apostillamos: «D. Mario no se ha ido, se ha diluido en su entorno y en este paisaje bujalanceño en el que se desarrolló su vida y su obra».

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